UN DOMINGO POR LA MAÑANA

Imagen cedida por Louisse
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Acabamos de abrir los ojos, es domingo por la mañana... ya casi mediodía y la luz se cuela entre las rendijas de la persiana de mi habitación. He comenzado a acariciarla para despertarla poco a poco, como a ella le gusta. Es como si no hubiera nadie más en el mundo, la realidad se resume a ella y yo en mi cama. La esencia de lavanda de la que impregné mis sábanas todavía dura y su perfume me obliga a acariciarla cada vez con más intensidad, hasta que nuestros cuerpos piden unirse de nuevo. Ambos estamos muy cansados de la noche anterior, pero da igual... en el salón están los restos de la cena, la botella de Chardonnay abierta con dos dedos de vino que no nos llegamos a beber.

Ella se enciende un cigarro y yo uno seguido mientras estamos mirando al techo y hablando de cosas sin importancia, en voz bajita, susurrando, ya que mis compañeras de piso duermen todavía. Terminamos el cigarro y el cenicero que esta a la cabeza de mi cama está lleno, ya casi no hay hueco para dos colillas más. Le susurro al oído que voy a vaciarlo y a hacer el desayuno, le doy un beso en el hombro y le digo que la quiero. Me pongo una camisa y el primer pantalón que veo entre todo el lío de ropa que hay a los pies de mi cama, de nuestra cama, mientras veo como ella se encoge dentro de las sábanas como si fuera una niña pequeña, le pido a Dios que congele el tiempo y que sea siempre así antes de salir de mi habitación.

Imagen cedida por Louisse
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Me voy a la cocina y hago café, cojo donuts y magdalenas y de puntillas lo llevo a la habitación en una bandeja. Mi niña tiene carita de sueño, se ha recogido el pelo con una orquilla y pienso dentro de mi, que en mi vida he visto a una mujer más hermosa que ella. Desayunamos, nos fumamos otro cigarro y ella me pide con voz de "niña buena" que le de un masaje en la espalda. Me pongo sobre ella y empiezo a acariciar su piel, mientras veo como va cerrando los ojos poco a poco, la oigo respirar y me encanta tenerla así de quieta en mi cama, como si nada más existiera en el mundo. Poco a poco destapo la parte de su cuerpo que se encuentra bajo la sábana y me arranco la ropa de nuevo, no puedo evitarlo... Hasta que volvemos a unirnos.

Los efectos del cansancio acumulado son cada vez mayores, pero me da igual... Nos sigue dando igual. Cuando ella me dice "no seas malo", es como si no pudiera detenerme, tampoco quiero. Volvemos a hablar otro ratito haciendo tiempo hasta que ella se tiene que ir. Nos arreglamos y la acompaño hasta la estación, nos contamos los planes de la semana, hablamos de todo un poco, me siento muy feliz...

Un fuerte abrazo.


Arcángel
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