TODOS LOS HOMBRES SOMOS IGUALES… ¡MENOS MAL QUE TE HAS DADO CUENTA!

Dicen que todos los hombres son iguales, pero hoy quiero hablar de lo importante, sin poner demasiado orden para que no te lo creas todo en la misma lista en que te lo propongo, y de paso para que pienses un poquito con algún órgano de tu cuerpo que no sea el pene. Que a sabiendas que tiene vida propia y toma sus propias decisiones, ha de ser un aliado y nunca una causa de derrota. Para que sea tu aliado, tienes que saber gobernarlo y estar por encima de él, porque si te dejas arrastrar por sus leyes, te vas a dar cuenta que solo es una, te vas a encontrar con que su única norma es estar a cubierto, dentro y en caliente… y si no sales de esa normativa, poco vamos a poder hacer por ti. Entre tanta búsqueda de la felicidad, tanto amor verdadero, tanto sexo y tanto instinto, todo conjugado en favor de velar por nuestros propios intereses como hombres (si, has oído bien: hombres), para aprender a auto-controlarnos y ser dueños y señores de “lo nuestro” y que no venga ningún listo o lista a comernos el pastel… aquí tenemos montado un cacao apoteósico.

LA MÁQUINA EXPENDEDORA DE LA FELICIDAD

 Digamos que por ejemplo estoy en la oficina y que es media mañana. Digamos que podría ser un día cualquiera, pero que por poner un día, pongamos que es lunes. Digamos que los motores están calentando, que ya ha despertado el gran público, y que entra la primera llamada. Hay que atenderla y la atiendo. Digamos que cuelgo el teléfono, y que al otro lado había una persona igual que yo, de la que solo conozco la voz y su nombre. Digamos que respiro hondo y que miro por la ventana porque estoy, pero no estoy. Digamos que fuera hace un sol espectacular, y que hace un buen día. No tendría por qué ser así, pero hace un día para estar en cualquier parte, menos en la oficina. Digamos que hay silencio y que todo está más o menos tranquilo. Tranquilidad interrumpida por esporádicas llamadas y correos electrónicos que entran, y que ponen el trabajo sobre la mesa, poco a poco. Digamos que sí, que es un día cualquiera, pero fuera sigue haciendo sol. Alguien se levanta para ir a por un café, y al pasar por mi puesto me pregunta:

EN ÉPOCA DE GUERRA, CUALQUIER AGUJERO ES TRINCHERA

 … o “patada al listón”, como se diría en mis círculos amistosos en confianza. ¿Habrá algún científico que se haya dedicado a medir la receptividad del varón medio a un polvo indiscriminado potencial? No sé, pero me temo que en hacer ese experimento de forma rigurosa y formal, se pueden consumir más recursos en material de pruebas, que lo que vale el beneficio de las conclusiones de semejante documento. Creo que este hipotético científico, para terminar antes el informe y poder presentarlo en un gabinete de “enteraos”, que agrupe por ejemplo a sanitarios, medios de comunicación, neofeministas, “politiqueros”, especialistas inciertos del “no sé qué” y demás sabiondos con gafas y cara de saber mucho… pues simplemente se limitaría a rellenar sus tablas, cumplimentando todas las casillas con el valor 100%. Con que ponga la foto de un sujeto cualquiera, por ejemplo su cuñado, que está inhabilitado socialmente para pronunciar la palabra “no” delante de su mujer, será más que suficiente.

TROPEZAR DOS VECES CON LA MISMA PIEDRA

 Un buen día te da por decir: No pienso tropezar dos veces en la misma piedra. Te has pegado ya un par de hostias, de las que dejan recuerdo. Ves la piedra, la ves a lo lejos y no te acercas. Pero tienes que seguir avanzando ¿qué haces? La rodeas mientras andas, sin acercarte… y para asegurarte de que no te vuelves a pegar un piñazo, te la quedas mirando mientras caminas y la pasas de largo. Cuando la pasas, sigues mirando atrás, no sea que te equivoques y sin querer te vuelvas a dar con la misma piedra: cosas que has jurado no volver a hacer. Sigues andando, mosqueado con no tropezarte y pendiente de la misma puta piedra ¿qué pasa entonces? De repente pierdes el equilibrio y estás en el suelo. Te has pegado un piñazo con otra piedra que no has visto, por estar pendiente de no darte con la anterior… y has acabado otra vez de bruces en el suelo. Esta parodia tiene su moraleja: por más que intentes no tropezar y caerte, ni los obstáculos desaparecen, ni las caídas tampoco.

¿DE VERDAD VIVIERON FELICES PARA SIEMPRE?

 En las películas románticas, cuando el galán o héroe de turno se queda con la chica, princesa, novia rescatada, o mujer imposible por la que se ha enfrentado a mil y un peligros… suena la música, sale la puesta de sol y todo el mundo parece quedarse contento. Hasta haber llegado a ese momento, parece que después de toda la guerra entre rivales, malos entendidos, nudos de guión imposibles de resolver, engaños, mentiras, otras mujeres que se cruzaron en el camino del héroe y haber matado al dragón, o al villano… parece que todo ha merecido la pena ¿verdad? Después de tanto curro, por fin pueden estar juntos. Eso es lo que cuenta, pero ¿por qué siempre termina ahí la película? Así parece que ya está todo hecho y la felicidad de ambos se presupone para siempre. Así se queda la historia de cara al público. Pero ¿qué es lo que piensa ella? Y ¿qué es lo que piensa él?

CUANDO EL AMOR SE CONVIERTE EN UN FORMULARIO TIPO TEST

 Digo yo que algo bueno tendrán los sentimientos porque son como una droga que no te obliga a ir al hospital a desintoxicarte. Endorfinas y bla, bla, bla… Yo no pruebo el chocolate, soy de los que prefieren el sexo (una o dos veces al año igual sí que como chocolate ¿eh? ¿qué pensabas?). No me gustan los sustitutivos ni los sucedáneos, ni las imitaciones… por eso peco de caer a menudo en la mala hostia y en el mal genio. Porque no me vale cualquier cosa, y prefiero quedarme sin comer, a comer mierda. Pero si estás en un mundo de mierda, rodeado de mierda, y pasas hambre, tarde o temprano es imposible evitar que te comas una o dos. Es eso, o la inanición afectiva y/o sexual… de ahí las páginas de contactos de renombre, que por populares y tener un buen marketing, volcado absolutamente en la falsa libertad del “todo lo follo, porque yo lo valgo”, no dejan de repartir a granel, carne picada en cucurucho.

Y PARA ELLAS ¿QUÉ ES UN TÍO?

 Después de que Mona nos haya explicado lo que para ellas es UN TÍO, TÍO, yo por mi parte y con nuestras palabras, te voy a dar una versión en tu idioma para tontos, en plan de esas definiciones que buscarías en Google, antes de ensayar posturitas ante el espejo. Lo haré, porque no me fio de ti: la experiencia me ha enseñado a no dejar ningún cabo suelto, y prefiero contártelo aquí, antes que te pongas a buscar una receta, cuando no te hayan salido los planes. Porque sí, porque sé cómo eres y cómo funcionas, y sé que solo te interesan las recetas y lo que se ve “para ver si a ti también te sale”. La cosa no va por tu reflejo en el espejo: Si te dejas barba de talibán, te haces un moño en el pelo, un tatuaje ambiguo, te pones una camisa a cuadros y un pantalón pitillo… no eres un tío: eres un gilipollas. Te lo prefiero decir así, antes de que te conviertas en una mascota a demanda del mercado, pero sobre todo, lo hago para ahorrarte sufrimientos en cuanto cambie la moda de las barbas y los tíos ambiguos de mirada lánguida. Porque como moda, pasará: esto tenlo por seguro.

UN TÍO, TÍO por MONA

 Me han pedido que explique con mis palabras lo que para mí es un tío. Para empezar, me ha venido a la cabeza una canción de Pimpinela:

No sé muy bien lo que quiero, pero tengo claro lo que no quiero. 
No quiero un hombre farsante, que prometa lo que nunca va a darte. 
No quiero un hombre cobarde que jamás se comprometa con nadie. 
No quiero un indiferente, quiero un hombre con el pecho caliente. 
Yo quiero un hombre un hombre un hombre de verdad o nada. 
Yo quiero un hombre un hombre un hombre que me haga sentir. 
Yo quiero un hombre que me haga sentir una mujer amada y deseada. 
Que me diga las cosas, que nadie me supo decir. 
No quiero un hombre egoísta que te busque cuando te necesita. 
No quiero un hombre celoso, desconfía solamente el tramposo.

¿QUÉ LES PASA A LOS HOMBRES? por EL DUQUE

 Sé que esta frase puede sonar chocante, parodiable o simplemente simpática pero te aseguro que es una frase que he escuchado muchas veces a los largo de mi vida. Ésta y otras citas célebres que vienen a significar-reivindicar lo mismo: ¿Qué les pasa a los hombres? ¿Dónde están los hombres de verdad? ¿Qué he de hacer para encontrar un verdadero hombre?... Si esto fuera un mostrador de quejas y reclamaciones la cola llegaría a Dinamarca. Los hombres también nos quejamos, no vayas a creer lo contrario; solo que en parte por orgullo y en parte por convencionalismo lo hacemos de una forma mucho más velada y sutil; pero en definitiva también los hombres nos planteamos muchas veces, el qué le pasa a la mujer de hoy en día y sobre todo él como tratarlas. A simple vista de pájaro lo que nadie negará, es que tenemos problemas de comunicación entre géneros. Por supuesto que no creo tener LA RESPUESTA, aunque sí que tengo MI RESPUESTA a esta cuestión.

CUALQUIERA PUEDE ENAMORARSE #AMOR VERDADERO por EL DUQUE

 Que conste que no he querido escribir una segunda parte del Busca en Google de mi socio, sobre el #amor verdadero; pero lo cierto es que el tema, que a veces es recurrente sí que merece atención. Veamos, el #amor verdadero poco o nada tiene que ver con el amor tal y como te los han plantificado en las pelis románticas, en los libros, en las fotos o en el ideario colectivo. El #amor verdadero es algo mucho más hermoso pero a la vez mucho más feo de lo que crees. Si buscamos referentes cinematográficos de lo que es el amor muchos citaran el Paciente Inglés, o los Puentes de Madison… casi todas ellas películas de infidelidad, de cuernos… y si no; seguramente nos vendrán a la mente películas de pasión desenfrenada, polvos salvajes y pasión encendida. Pues bien; eso no es #amor verdadero. El #amor verdadero, para que lo entiendas, tiene mucho más que ver con cambiar pañales a las 4 de la mañana teniendo que ir a trabajar al día siguiente, con ser fiel a tu pareja aunque envejezca, con cuidarla si está enferma y todas esas cosas, a las que no se le dedica tanto tiempo ni literatura, porque por lo visto vende menos que unas tales cincuenta sombras

LA FÁBULA DE EVA, ADÁN Y LA DIOSA DEL CAPITAL: EL FEMINISMO, INSTRUMENTO DEL CAPITALISMO RADICAL

 Después de la creación, la diosa del capital estaba dando una vuelta por El Paraíso. Estaba visitando todas las explotaciones en las que tenía a Adán y Eva trabajando como responsables de producción, para tener el rendimiento controlado. Mientras iba pasando sector por sector, iba repasando en su Excel cuáles habían sido las previsiones, comparándolas con la producción real. No era suficiente, se había llegado al 85% de lo presupuestado, pero para poder colocar mejor los productos en el mercado, tenía que aumentar la producción para poder venderla más barata y cargarse a la competencia –Esto es una empresa, aquí estamos para ganar dinero… ¡esto no es una ONG!- se repetía a sí misma la diosa del capital, mientras pasaba hoja tras hoja, marcando en rojo los números en sus tablas. Con la idea fija de aumentar la productividad a cualquier precio, la diosa del capital fue directa a visitar a Eva, que en ese momento estaba preparando un informe del último trimestre: –Eva ¿se puede saber qué está pasando aquí?- preguntó exigente la diosa de los empresarios.

UN BUEN APAGÓN NO VENDRÍA MAL: OTRA TEORÍA APOCALÍPTICA DE ANDAR POR CASA

 Estaba yo pensando en un guión apocalíptico de los míos, inspirado en el apagón de Nueva York de 1965, el que tuvo como consecuencia el famoso Baby Boom. Se les apagó la luz a los neoyorquinos, y se pusieron a hacer lo que tenían que hacer. Y digo yo, que a día de hoy, un apagón de estos igual no nos vendría mal para volver a poner los pies en la tierra. Ya que parece, que cuando “está la luz encendida” el instinto queda aparcado en un segundo plano, si la apagamos, o mejor dicho, nos la apagan… como animalitos que somos, pues algo haremos. Cuando digo que la luz está encendida, me refiero a que estamos enchufados a demasiadas dependencias artificiales, que nos mantienen alejados y entretenidos de lo que somos en realidad, ocupados en mirar pantallas táctiles. En esta película que te propongo, a día de hoy, no creo que una sola noche de apagón fuera suficiente.

BUSCA EN GOOGLE: #AMOR VERDADERO

 He hecho una búsqueda en Google: AMOR VERDADERO, y las respuestas que da el buscador de buscadores, me han obligado a meterme en terreno pantanoso, ante la nausea y la anestesia de lo políticamente correcto, de lo plastificado, de lo común y lo barato. En mi lucha personal contra el fraude de las relaciones hombre-mujer a día de hoy, voy a tocarte un poco más la moral (o los apéndices), para demostrarte que el amor verdadero, ni lo has visto, ni lo has conocido en toda tu vida, ni es lo que devuelve Google en sus consultas. ¿Qué gano con esto? Nada, absolutamente nada. Sé que esto es una batalla perdida antes de empezarla, y que estas palabras te resbalarán como el aceite, no las aceptarás, mirarás hacia otro lado, empezarás con el pero yo, yo y yo… esto y lo otro… y dirás que es imposible y que no tengo ni puta idea.