O preguntado de otra forma ¿por qué el jefe
tiene una aventura con su secretaria? ¿Por qué se ven de vez en cuando por la
calle, parejas formadas por hombres con “sonrisa de ganadero”, tomados del
brazo por mujeres veinte años más jóvenes que ellos? ¿Por qué un padre de
familia con mujer y dos hijos, intenta alargar el horario de oficina, para no
llegar a su casa antes de las diez de la noche? ¿Por qué existen páginas de
contactos saturadas de hombres casados infelices, que no indican su verdadero
estado civil en sus perfiles? ¿Por qué el público de los prostíbulos, es en su
mayor parte de hombres casados o divorciados y no solteros? ¿Por qué cualquier
mujer puede llegar a ser más atractiva, cariñosa, sensual y empática que tu
propia mujer? Todas estas preguntas, hacen que un abogado especialista en
divorcios, se frote las manos y empiece a sacar formularios y a pedir adelantos
para “mover papel”. ¿Por qué un hombre deja una relación y en qué condiciones
lo hace? Voy a ser quirúrgicamente sincero:
Un hombre abandona a una mujer básicamente,
porque puede hacerlo. ¿Cómo?
Sí, así de simple. Ahora me pondré a cortar tela, pero la razón fundamental,
por la que un hombre abandona a una mujer, es PORQUE PUEDE. Es una simple
cuestión de recursos ¿puedo hacerlo? OK, lo hago. Estos porquepuede, tienen una raíz común: a primera vista y un cálculo en
el corto y medio plazo, al hombre que decide dejar la relación, no le va a
suponer un trastorno dar este paso. ¿Pensabas que hablaba de libertad? Pues no
querido amigo, te hablo de “recursos a mano”, porque para nuestra suerte o
desgracia, los hombres tendemos o mejor dicho, somos especialistas en comerciar
con nuestra libertad, como si ésta fuera un billete de cincuenta.
Soy realista, y no voy a dignificar mi propia
condición porque la conozco bien, por disfrutarla unas veces, y padecerla en
otras. Sé que un tío, a menos que esté o muy harto, o se sienta muy seguro de
sus posibilidades y recursos, no abandona una relación con una mujer porque sí.
Y más cuando el hombre, mentalmente funciona por objetivos, y cuando alcanza
uno, tiende a acomodarse y estabilizarse en él… y a ser posible, dejarlo como
está si ése estado le funciona. Que nadie se lo toque. Tú y yo sabemos, que un
hombre para ser feliz, muchas veces lo único que necesita, es que le dejen
tranquilo, en paz y como está. Nada más.
Desgraciadamente, no somos Francisco de Asís renunciando a sus títulos nobiliarios, somos más
bien vendedores de nuestra propia libertad, y pagadores practica y
constantemente durante toda nuestra vida. Para lograr los objetivos que nos
hemos marcado, invertimos y pagamos. Sí, esa es la palabra clave de todo:
pagar. Pese a quien le pese, los hombres, “compramos” cosas, y pagamos con
dinero, con tiempo, con voluntad, con trabajo, con resignación, con salud, etc.
EL HOMBRE PAGA, CUANDO
PUEDE
ASUMIR EL PRECIO
De la misma forma, si un hombre puede o siente, que
puede asumir las consecuencias de abandonar a una mujer, lo hace. Lo
hace, porque puede pagar ese precio. Si no tiene o si no siente o cree que tiene
recursos suficientes para dejar una relación, que le hace infeliz, el hombre se
queda como está, jugando a no perder ¿te resulta esto familiar? Una vez que el
varón se ha emparejado, y ha renunciado a parte de su ego, a parte de su yo, de
su espacio y de su libertad, para poder compartir su vida con una mujer,
aceptando el contrato, empieza a medir con un baremo distinto orientado a “que
la máquina siga funcionando”. Solamente moverá ficha, si se ve en una posición
de poder suficiente, que le permita tener un margen de maniobra que le de
autonomía fuera de la pareja.
Le pesarán siempre mucho más, factores como el
dinero, el sexo, la admiración, la sensualidad… fuera de la pareja, ya que en
el momento de aceptación del contrato o relación, decidió limitar y contener
estos factores. Si comprueba que estos valores, no les son concedidos o que le
resultan menoscabados dentro de la relación, habiendo hecho él ya su cálculo en
el momento de cerrar el trato, volverá otra vez a calcular, qué ha de hacer
para volver a ganarlos. El hombre entiende su libertad a la hora de abandonar
una relación, como el precio que puede asumir al hacerlo. En economía esto se
llamaría coste de oportunidad: es algo que gastas o inviertes para recuperarlo.
Si puedes pagar el precio…
la
nueva compra de tu libertad
no te supoNDRÁ un sacrificio
Esta es la segunda clave: que no suponga un
sacrificio. Si abandonar la relación supone un sacrificio, o un perjuicio mayor
que el quedarse como uno está, no se abandona… se queda uno como está: infeliz,
pero sin perder la posición. Se juega a no perder. Independientemente, de que pueda
irse con otra mujer, o tenga (o crea tener) otra posibilidad en vista de mayor
valor, y que crea que le va hacer más feliz… o bien porque se siente rico en
recursos y puede permitirse el lujo, o porque le hayan puesto los cuernos a la
cara, o porque su pareja le haya hecho, la vida imposible, prefiriendo estar
sólo, que mal acompañando… Hay que hacer el cálculo. Pero ¡ojo!
Este
cálculo no siempre es acertado. ¿Cuándo es acertado esta cálculo y cuando no?
Fácil:
el cálculo es acertado cuando antes de abandonar la relación te miras lo bolsillos, y has
calibrado si tienes recursos reales y personales suficientes para volver a
quedarte solo y buscar, o ir a donde se te espera de forma sólida en
ausencia de emociones. Sí, no es lo mismo estar seguro, que venirte arriba por
un calentón. La polla y las emociones, son malas consejeras a la hora de
abandonar una relación. Ten esto muy presente, porque estos dos puntos, son los
que hacen que te creas dios, por el mero hecho de que te hagan segregar
endorfinas. Las emociones o calentones, se pasan, y de igual forma que te
vienes arriba, te puedes venir abajo. Si saltas, que haya red, así de simple, de
frío y de literal. Nunca pongas tu red para salir de una relación en otra persona que no
seas tú mismo. Recuerda: lo que fácil viene, fácil se va.
Nunca tomes decisiones, para unirte o separarte
de una mujer, poniendo como base los siguientes miedos: miedo a la soledad,
miedo a la vejez, a la escasez sexual, o miedo a no cumplir con planes
familiares ajenos que te hayan podido imponer. Un apunte final: estoy harto de
ver a hombres tragar carros y carretas, por temor a quedarse solos en la vejez.
Tú no tienes que aguantar nada, que no hayas elegido vivir. Los que así
aguantan jugando a no perder, terminan divorciados, expoliados, arruinados,
solos y sin el reconocimiento de sus hijos. Todo, por haberse aferrado a un
clavo ardiendo, por no saber verse solos. Tu tabla de salvación es tuya nada
más, si se la dejas a alguien que no eres tú, te ahogarás como Leonardo Di Caprio en Titanic. Buen ejemplo ¿verdad? Recuerda:
un hombre abandona a una mujer, porque puede.
Se
acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el
auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que
tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego.
Ahora sabes más que antes, porque lo que
acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No
te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te
largas? ¿todavía sigues aquí? Ya
estás tardando…










